jueves, 11 de junio de 2015

Cuando llueve sobre Dachau

Cuando llueve sobre Dachau


Así comienza el libro:

Berlín, junio de 1954 
La mujer morena se sentó en un amplio espacio de césped en el Tiergarten y comenzó a hurgar en su cesta de picnic. El día era soleado en Berlín, pero una suave brisa ofrecía tregua al calor sofocante de la tarde. Extendió el mantel amarillo claro moteado y comenzó a colocar sobre él lo que había preparado para merendar. Un par de sándwiches y algo de fruta. Por último, sacó su creación, su criatura. La sostuvo con las dos manos mientras la observaba y recordaba lo dura que había sido su redacción. Abrazó el libro y lo pegó a su pecho. Con él, exteriorizaba ese capítulo de su vida que nunca debió haber vivido. En un ejercicio de memoria y sufrimiento, decidió sacar todo lo que le hería por dentro y plasmarlo en ese manuscrito. La edición era sencilla pero muy atractiva. El título críptico apenas conseguía contextualizar el horror que contenían sus páginas, el horror de su vida. 


Posicionó el libro en un lugar privilegiado, donde pudiera contemplarlo en todo momento y se tumbó boca abajo, con la cabeza apoyada en las manos, para merendar, observando su biografía. Mientras comía algo de fruta, pensaba en lo irónico de la imagen. Un ejemplar cuidado, con las letras decoradas y los colores elegidos para que no resaltaran demasiado y distrajeran del título. Un objeto bonito, para conservar en una estantería, donde alegraría la vista de una habitación. Sin embargo, al abrirlo, la maldad más pura salía a la luz. Una maldad difícilmente imaginable hasta la década anterior, en la que el mundo había cambiado para siempre. El libro era un símil de su protagonista: hermoso, atractivo, el orgullo de la nación alemana, rubio, ojos celestes casi grises, proporciones perfectas, facciones equilibradas… Pero, como el libro, encerraba la crueldad más atávica del ser humano, esa que sólo aflora en contadas ocasiones a lo largo de la historia, y que en esta ocasión, se había desbordado sin control. 


Una vieja pelota apareció rodando por el césped hasta acabar a su lado. Mientras la recogía, no tardó en aparecer su dueño reclamándola, un niño de unos cinco años. Pensó que tenía suerte de no haber vivido la década anterior, aunque lo mismo debieron pensar los padres de los niños nacidos tras la Gran Guerra, y su futuro fue peor aún si cabe. Deseó que esa fuera la última vez que un niño tuviera que vivir algo parecido y le sonrió. Sin embargo, el niño la miraba con expresión de fastidio, por su demora en devolverle su pelota. Ella se dio cuenta y se la lanzó enseguida. Él continuó jugando con sus amigos, ajeno a todo y ella no pudo evitar recordar cuando también jugaba con los suyos, antes del fin de su mundo. 


Su vista volvió a posarse en el libro, y decidió que había llegado el momento. Recogió todas las sobras de la merienda y las guardó en su cesta. También hizo lo propio con el mantel, después de haberlo sacudido en el césped. Entonces tomó el libro y, tras observarlo por última vez, lo introdujo en un sobre color arena. Sacó un lápiz de su bolso y escribió el nombre de su destinatario: 


ERIC WÜLF 


Debajo escribió la dirección, en Múnich, y salió del parque para depositarlo en el buzón de correos más cercano.






Sobre la autora:


Monica G. de Aubarede

Aunque nació en Cádiz, Madrid la acogió con los brazos abiertos con 18 años. Estudió Ingeniería Química pero el mundo del libro acabó por seducirla completamente dejando aparcadas las ciencias. En este momento intenta abrirse paso con su primera novela en el difícil mundo editorial con mucha ilusión y muchas ganas de aprender.



Mi opinión:

Se trata el tema de la Alemania Nazi. El escalofriante relato de un adolescente en un campo de concentración, que tras ser liberada, y pasar un tiempo, decide escribir su historia en un libro para mostrar al mundo lo vivido. 

Es un libro corto en extensión pero enorme en contenido. Lleno de un sinfín de sentimiento ocultos deseando salir a la luz. 

Son los años vivido de esa chica morena en el campo Dachau, pero esa vivencia puede ser aplicada a muchos otros hombre y mujeres.

Me he sentido horrorizada leyendo parte del libro, un horror absoluto y paralizante. Ese mismos debía de sentir esta chica morena, dominada por él, incapaz de hacer nada sino someterse a los deseos de un ser depravado, y sin escrúpulos, para así poder sobrevivir. 

¡VALIENTE!

Cuando llueve Sobre Dachau, es un grito a la justicia de todas esas personas que murieron y sufrieron una guerra por sus acciones políticas o religiosas. 

Tengo oprimido el corazón y el alma; es un hecho pasado, pero presente en nuestras vida, que por mi parte, aun no entiendo. 

Esta chica morena, que tiene nombre, solo buscaba paz, no venganza.

Felicito a Monica G. de Aubarede. Me ha hecho estremecer, sentir ganas de gritar por la impotencia de no poder hacer nada. He sentido dolor, rabia, pena, y deseaba justicia.